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jueves, 8 de julio de 2010

Cocina para niños (I parte)

                
Me gusta enseñar a cocinar. Siempre me lo paso muy bien, porque en cada grupo encuentro una maravillosa experiencia con gente estupenda que me enseña, a la par que aprende.
Sin embargo, si tengo que elegir un grupo de entre todos, siendo el que más sorpresas me depara, ese sería el grupo de los niños.


Mis pequeños alumnos (entre 6 y 10 años) aprenden a cocinar lo suficiente como para sorprenderse y sorprender a cualquiera: pizza, galletas, hojaldres, flanes y cremas, pan, merengues, ensaladillas. Sí, ellos han hecho todo esto y hasta empanadas criollas, por más que parezca mentira.
Los padres, entre sorprendidos y maravillados, no han tenido más remedio que rendirse a sus encantos culinarios y bien saben ellos que sus hijos han cocinado todo esto sin apenas mi ayuda, pues luego han querido repetir sus recetas en casa y lo han hecho. Pero como digo, la que más aprende en esas clases, soy yo.


 



Lo mejor es siempre, verlos perder el miedo a mancharse, a manchar la cocina, a pringarse enteros, en fin, a todo eso que en casa, nos cuesta dejarlos hacer.
 

Otra de las experiencias importantes, es enseñarles a encender el fuego con una caja de cerillas y muchos intentos, hasta que lo dominan.

Es una de las primeras clases, porque por más que en casa tengan vitrocerámica, el fuego y la cocina están demasiado ligados como para no adentrarse en sus dominios.
Sin duda, el fuego, o mejor dicho, el control del fuego es un paso iniciático para el hombre y en la clase de los niños esto se puede palpar. Sus caras emocionadas cuando lo logran, siempre me llevan al hombre primitivo logrando con su palito y su hojarasca, prender la hoguera iniciática.

 

Os sugiero que no os perdáis esa experiencia con vuestros hijos, que les enseñéis a dominar el fuego, porque de una forma o de otra, es una victoria cuyo logro parece que llevamos impreso en nuestra memoria ancestral.



Siempre he intentado que la clase, fuera lo más parecida posible a la clase de los adultos, es decir, comenzar con un ejercicio de los sentidos, que en el caso de los niños es un juego divertido que les introduce de lleno en el mundo de las percepciones en la cocina. Luego tomamos nota de la receta, de su puño y letra y finalmente, cocinamos.


Es increíble ver cómo se ayudan unos a otros, cómo se solidarizan cuando uno no tiene tal ingrediente o se le ha roto un huevo o escribe más despacio.

 

En una clase se aprende a cocinar, pero en el camino hacia las viandas, se aprende a medir, a pesar, a cortar, a batir, a triturar y un largo etcétera.
También aprenden cultura gastronómica, sobre los ingredientes, sobre las buenas maneras y el protocolo y sobre mil historias en donde la cocina o algún alimento, son los protagonistas.


Lo más difícil es hacerlos esperar a que se hornee el pan o la pizza, o a que se enfríen los alimentos para abordar la siguiente fase. Los tiempos de espera tienen que ser llenados hábilmente, por actividades que al final, resultan casi tan emocionantes como el hecho de cocinar.

En esos paréntesis, hacemos experimentos divertidos, auténticas pruebas de científicos: hemos visto al microscopio una piel de cebolla, hemos contado historias alucinantes y hemos elaborado potingues muy interesantes.

Algunas de esas actividades, las acerco en esta entrada, como sugerencia o ideas para meterse con los niños en la cocina y simplemente disfrutar, porque sé que muchos de los que esto leéis, sois mamás y papás y sé también como madre, que la experiencia de ver sorprenderse a nuestros niños, es muy satisfactoria.

Espero que os gusten las propuestas y que las llevéis a cabo. El verano es una época ideal para ello.

¡Ah! Y dejarlos que se manchen.


EL EXPERIMENTO DE LA LECHE MULTICOLOR

Se trata de un experimento sencillo y maravilloso en el que los niños y los no tan niños, van a alucinar:

Ponemos en un plato, un poco de leche entera a temperatura ambiente.




A continuación echamos unas gotas de colorante, con mucho cuidado y sin que se extienda, en los cuatro puntos cardinales del plato.



Los colores no importan, yo solo tenía a mano tres, pero si pueden ser cuatro colores diferentes, mucho mejor. En Carrefour venden un pequeño pack de cuatro colorantes alimenticios.



Finalmente echamos en el mismo centro e igualmente con cuidado, unas gotas de un lavavajillas concentrado.

Al principio los colores se retiran, parecen ocultarse bajo la leche y atentos miramos preguntándonos qué estará sucediendo.

 

Pero entonces se inicia el movimiento, los colores vuelven a aflorar y empiezan a moverse en un baile armonioso que va llenando el plato de dibujos caprichosos.



Bastante rato más tarde, los colores siguen moviéndose por el plato formando dibujos abstractos que vivos como están, van cambiando de aspecto de segundo en segundo



Dejar que sean ellos, los niños, los que echen los colorantes y el lavavajillas, en una segunda vez, cuando ya han aprendido y si tenéis mucho miedo de que se manchen, ponerles un baby y unos papeles de periódico sobre la mesa. El resto dejar que se desarrolle a su aire, al aire de ellos.
 
Podéis finalizar con la explicación, porque a vuestros pequeños científicos, eso también les interesará. Lo que sucede en este experimento es que las moléculas de grasa de la leche, se contorsionan al agregarle el jabón, lo que hace que el colorante se mueva en todas direcciones.


Continuará…

11 comentarios :

  1. yo me apunto,(puedo con 23 años)soy peor que los niños pequeños!!que guay!ojala estuviera cerca, seria tu alumna fiel!

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  2. Hola habitantes de la Cuina vermella: gracias por vuestra visita y comentario. La verdad es que sí, es difícil tansmitirlo pero es super divertido. La capacidad de sorpresa de los niños es contagiosa y hace mucho bien.

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  3. Hola Irene: qué bonita eres, seguro que si estuvieras cerca te encantaría muchas cosas de las que hacemos en las clases, seguro.
    Felicidades por tu premio en el concurso de Carolus, de ensaladas. La verdad es que la he visto y tiene una pinta super apetitosa. Eres una artista.
    Un beso y gracias por tu comentario.

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  4. me parece estupendo que les enseñen de pequeños unos cursos geniales, yo tengo dos niñas la mia mayor nada de nada no hay manera no le gusta, sólo probar y la peque un entusiasmo por la cociña ya con dos añitoss, cuando hago masas se vuelve loca yo yo me dice y claro yo le dejo luego ya limpiaré.
    besossss guapaaa

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  5. Me parece toda una gozada poder trabajar con los pequeñajos. Tienen la mente abierta y son muy imaginativos. Siempre aportan algo.

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  6. Qué maravilla, estoy esperando más experimentos como el de la leche! Yo también disfruto enormemente con mis hijos en la cocina, los tres siempre han mostrado mucho interés y hemos gozado en cantidad haciendo y probando recetas! Enhorabuena por tus talleres!

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  7. Cocino a menudo con mis niños y ese taller me ha parecido muy interesante.
    Tu blog me ha gustado mucho, un saludo.

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  8. Muchas gracias a todos por vuestros comentarios: María José, Oteador, Visc a la cuina y jantonio. La verdad es que la alimentación y su transformación en la cocina son temas muy importantes en el ser humano, en todas las culturas y a lo largo de todos los tiempos. No sería una mala cosa que fuera una asignatura en las escuelas, la salud está ligada a cómo nos alimentamos. Ahora mismo hay un gran problema en todo el mundo desarrollado, la obesidad infantil y las enfermedades cardiovasculares por una alimentación que da prioridad a lo productivo, lo rápido, antes que la salud: hormonas, procesos de conservación que acaban con los nutrientes de los alimentos, radiaciones, cámaras, sometimiento a calor, etc., productos que ya no saben a lo que tienen que saber y proteína animal en exceso, en fin, no nos vamos a poner en plan dramático, pero opino que la alimentación debería ser parte de la educación general. Mientras llega, no es mala idea ir comenzando así, aunque sea a nivel particular en casa o en talleres como los míos. Que los niños se familiaricen y se hagan exigentes con la cocina, creo que es una buena inversión vital.
    Un abrazo.

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  9. Hola, como profesora he hecho talleres de cocina con niños en Alemania y siempre se lo pasan muy bien preparando cosas sencillitas de masa, galletas, pizza. Para aprender y divertirse es necesario mancharse. Y si no, para eso están los delantales

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    1. Totalmente de acuerdo contigo Delantales. Muchas gracias por tu comentario y tu visita. La verdad es que trabajar con niños en general, es muy gratificante, ese vacío con el que afrontan las novedades, el aprendizaje es algo maravilloso.
      Un abrazo

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