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lunes, 24 de junio de 2019

Lentejas: De Roma a la Magdalena, los indios pijao y el atrapasueños de la vida.


Os contaba la última vez, que me ha dado por hacer atrapasueños, esa especie de  amuleto procedente de los indios ojibwa. No es que esté todo el día haciéndolos, pero es algo que me resulta relajante y creativo y me lleva a muchos pensamientos casi diría que mágicos.

Hubo un tiempo en que estaba convencida de que en mis venas había sangre de los indios norteamericanos. Adoraba todo lo que tenía que ver con estos nobles pueblos que fueron casi aniquilados. Ya de pequeñita cuando veía las clásicas películas de indios y vaqueros, cuando los indios eran muy, muy malos y los vaqueros muy, muy buenos, yo siempre iba con los indios, siempre quería que fueran ellos los que ganaran, aunque nunca lo conseguían.
También es cierto que no es la primera vez que pienso que debo tener antepasados de África, de los desiertos, de las llanuras.

Ya estaréis pensando que estoy un poco loca y eso que sólo os cuento un poquito, jajaja.

Australia, toda América latina, la India…Una isla sin nombre, una montaña en silencio, un bosque junto al lago… Siento que mi gente, es la gente que vive ahí, en todos esos lugares, en todo el mundo.

Por eso, cuando escucho hablar de los emigrantes, de los extranjeros, con ese desprecio, de los de aquí o los de allá, da igual, fronteras por medio, políticas fascistas por medio, pienso lo estúpido que me parece, la ceguera que significa, no darse cuenta que todo está unido y que es un error muy grande creer que la gangrena de un pie, no tiene nada que ver con una altiva mano o nuestra soberbia cabeza, que lo que nos sucede en una parte, no va con lo que sucede en otra, cuando todo está conectado, como lo está en un atrapasueños, su red, un hilo trenzado de aquí para allá, con vueltas y dibujos en filigrana, pero todo un mismo hilo, del cual, si tiras, acabas llegando al final.

Y supongo que me siento tejedora  cuando hago atrapasueños,  como cuando tejo historias que parecen no tener nada que ver entre sí,  cuando conecto unas lentejas de Roma, con un tajine africano que llegó un día en barco a la orilla del río Magdalena, en Colombia,  en donde unos valientes indios Pijao, lo adoptaron en su repertorio cerámico. Y de una cosa a otra, como veis, el tejido se va trenzando y formando un hermoso entramado que todo lo conecta.


Pero centremos la historia un poco por favor.


La gastronomía de Colombia hoy día, es el resultado de tres grandes culturas. A saber: la indoamericana, es decir, la cultura originaria de los indios nativos, la europea de los colonizadores y la africana, procedente de los esclavos africanos que los europeos, llevaron hasta allí. 

Esto es importante, porque la entrada de hoy va sobre un recipiente que es típicamente africano, el tajine, que sin embargo, me llega desde Colombia, desde La Chamba concretamente. Un recipiente hecho con una arcilla y unas técnicas ancestrales únicas, que enseguida os contaré.

La historia comenzó un jueves, cuando un alumno me trajo este precioso regalo.


El objeto en sí es tan bello, que de inmediato me enamoró. Es agradable acariciarlo, por sus formas, es agradable mirarlo, por su color intenso, sin estridencias y es agradable sentirlo, mucho más cuando conoces su historia. Y sé que parecerá exagerado, pero cocinar en él, es para mí todo un privilegio.

Se trata según me contó David, de un tajine de alfarería orgánica, hecho de forma artesanal en los Andes colombianos.

Está hecho con arcilla gris y en lugar de estar barnizado, como la mayoría de los objetos de cerámica, aquí se le aplica una capa de terracota muy fina, que una vez seca, se lustra con cantos rodados de la piedra ojo de tigre. Es un objeto único,  no hay dos piezas iguales en el mundo.


Estas cerámicas, se cuecen en una urna, con polvo orgánico de hierbas, una técnica de más de 700 años de antigüedad, que extrae el hierro de la capa de la superficie y le da al barro ese color negro tan hermoso.


Naturalmente, escuchando esto de mi alumno y leyendo en el librito que trae el tajine, en su caja, mi curiosidad se desató y tuve que ir a investigar qué hay de ese pueblo que hace estos objetos a la orilla del río Magdalena. Y así es como llegué a La Chamba, uno de los centros cerámicos más reconocidos de Colombia, en donde el 85% de la población es artesana de la cerámica.

Geográficamente se ubica al suroeste de El Guamo, en el departamento de Tolima, a orillas del río Magdalena.

Los primeros habitantes de este hermoso territorio y precursores de esta artesanía con el barro, fueron los valientes indios Pijao. Ellos ya elaboraban piezas ceremoniales de cerámica y cuenta la historia que junto a los andaquíes, los pijao opusieron resistencia a los colonizadores durante más de dos siglos, hasta que prácticamente fueron aniquilados sin que consiguieran su rendición.

Las guerras pijaos acabaron con el genocicio de sus hombres y la esclavización de sus mujeres a las que forzaron al mestizaje y al catolicismo. Dan ganas de llorar saber que hasta el idioma pijao se extinguió y que sólo se conservan un puñado de palabras.

Actualmente  algunas asociaciones en Colombia, intentan rescatar reductos de la cultura de este pueblo: sus costumbres, el folklore, la religión, el idioma o su artesanía.



Indio pijao. Foto de Wikipedia

  
Pensando en cómo podría estrenar un objeto tan noble y cargado con tanta historia, me vino a la mente un guiso de lentejas.

Mira por donde, por estos mismos días, nuestra amiga Charo, del blog De Re Coqvinaria, publicaba unas lentejas muy interesantes, al menos para mí, dado que  llevan anís y estoy preparando un curso de cocina tradicional con este ingrediente.

En fin, como veis, el círculo todavía sigue y sigue y la red, va dibujando sus calados.

La receta, nos cuenta Charo, figura en el Heidelberg papyrus con el nombre de laganophake. Para nosotros: guiso de lentejas con su toque de anís.


Veamos los ingredientes:

Una taza de lentejas pardinas
Una cucharadita de eneldo picado
Una cucharadita de comino en grano
Una cucharadita de semillas de anís
Dos cebollas
Media copa de vino tinto
Aceite de oliva virgen extra
Sal

Un huevo por comensal (opcional)


Decir que a la receta que nos da Charo yo he hecho un par de modificaciones: por un lado, la cantidad de las especias me parecían excesivas, así que cambié las cucharadas por cucharaditas.
Por otro lado, agregué la idea de los huevos sobre la marcha, para completar el plato.

Y dicho esto, vamos con la preparación:


Habremos puesto antes que nada, las lentejas en remojo durante un par de horas.


Actualmente las lentejas están seleccionadas de tal forma que son mucho más tiernas que las lentejas que usaban nuestras abuelas. Antes había que remojarlas diez o doce horas, pero en la actualidad, con un par de horas, será suficiente.


Seguimos cortando las cebollas en brunoise y picamos las especias: eneldo, comino y semillas de anís



Hecho esto, colocamos el tajine en el fuego con un fondo de aceite y freímos lentamente la cebolla


Cuando la cebolla está hecha, añadimos las hierbas picadas


Añadimos también el vino y las lentejas y cubrimos con agua el conjunto, dejando cocer a fuego lento, con el tajine tapado, hasta que todo esté tierno.



El tajine, por su forma, apenas evapora líquido, ya que la condensación de vapor que retiene la tapa en forma cónica, retorna al recipiente. Esto hace posible cocer a fuego lento y de una forma realmente deliciosa.


Cuando las lentejas están tiernas, completaremos el plato añadiendo unos huevos que se harán con el calor residual, ya estando el fuego apagado.


Y listo. Tapamos el tajine y a la mesa.


En un par de minutos, los huevos estarán en su punto




Clara cocida y yema líquida



Vaaale,  prometo no enrollarme tanto la próxima vez. Pero probad estas lentejas, que están para morirse. Yo creo que toda esa historia, de Roma a la Magdalena y por supuesto la de los indios pijao, también ha hecho lo suyo con los sabores.

Un abrazo

viernes, 17 de mayo de 2019

Con lo que tengo en casa: mucho más que una ensalada.



Si al mirar la ventana, ves sobre todo las rejas…




Es que te has acostumbrado a ver siempre desde dentro.
Pero no son las flores las cautivas


Sal fuera, amplía tu mirada.
Se mueven al viento 
Disfrutan del sol y de la lluvia 

Tienen vida.


Queridos amigos, qué ganas tenía de venir a compartir con vosotros. 

Antes de levantarme de la cama, me dije que de hoy no pasaba, porque la verdad, os echo mucho de menos.
Como no estaba planificado, no tenía ni elegida la receta, ni comprados los ingredientes. Entonces pensé: haré algo con lo que tengo en casa.

Con esa idea me levanté, recorriendo mentalmente la nevera y la despensa, para ver qué sería lo que tendría disponible. 

Pero soy de pensar, qué le vamos a hacer, y a medida que me levantaba, me retumbaba en la mente la frasecita: ¡Lo que tengo en casa…! ¡Lo que tengo en casa…!

Y es que lo que tengo en casa es mucho más que ingredientes.

sábado, 6 de abril de 2019

Próximos eventos




CURSO DE ARROCES



Días
4 de Mayo 2019 a partir de las 10 de la mañana
y
11 de Mayo 2019 a partir de las 10 de la mañana.

Aprenderás
Todos los secretos para hacer un buen arroz: 

Tipos de arroces
Caldos
Recipientes
Horno
Fuego
Paellas
Ingredientes aliados
Reconocer los signos
Etc....

Plazas limitadas. El curso incluye:  Ingredientes, comida, dossier recetario y diploma de asistencia.

Haremos: Arroz de carne al horno
Arroz de verduras en paella
Arroz  de marisco caldoso 
Arroz con leche

Además: muchísimas recetas en el dossier para que practiques en casa.

Y el día 1 de Junio 2019

CURSO DE APERITIVOS GOURMET

Reservas e inscripciones en: vienasabor@gmail.com

sábado, 19 de enero de 2019

Tajine de lentejas y calabaza




Esta mañana me he despertado con la idea: de hoy no pasa, hoy tengo que publicar algo en el blog. Y me he puesto a hojear algunos libros que tenía a mano a ver si me inspiraba.

¿Un bizcocho de desayuno? ¿Un plato tradicional de la tierra, de esos que tanto me gustan? ¿Un pan?...

Y así, de salto en salto, me encontré con esta receta árabe, con todas sus especias, con sus colores anaranjados, cálida, evocadora… Uauuuu!!! La boca se me ha hecho agua y esa es la receta que he elegido para compartir con todos vosotros.

Se trata de un tajine de lentejas y calabaza, una preparación que ha impregnado rápidamente mi cocina con aromas transportadores a tierras lejanas, a pueblos amables y diferentes.



Con este tajine humeante y con mucho cariño, os deseo un buen año, que sea de estreno en vivencias y nuevos sueños.

Veamos cómo se hace.

Ingredientes:


Medio kilo de calabaza (peso ya limpia)
250g. de lentejas pardinas
Dos tomates 
Una cebolla
Dos dientes de ajo
Aceite de oliva virgen extra
Media cucharadita de comino
Media cucharadita de cúrcuma
Una cayena (opcional)
Una cucharadita de pimentón dulce
Una pizca de azúcar
Perejil picado 
Dos cucharadas de tomate concentrado
Una cucharadita de cilantro en grano, picado
Sal y pimienta

Y así procedemos:

Lavamos las lentejas y las ponemos en una olla, con un litro de agua más o menos, y las dejamos cocer durante 20 minutos aproximadamente. Cuando falten cinco minutos, le añadimos un poco de sal.


Mientras tanto, rallamos los tomates     


Pelamos, limpiamos y cortamos la calabaza en dados


Cortamos la cebolla y los ajos en brunoise


Y una vez hecha la mise en place de este modo, ponemos una cazuela al fuego, con un fondo de aceite y cuando está caliente, añadimos la cebolla.


Añadimos también los ajos y dejamos que vaya pochando todo, tranquilamente, a fuego bajo.


Cuando la cebolla transparenta, empezamos a añadir las especias: 

Primero el comino, la cúrcuma y una cayena.


Seguimos con el pimentón.


Enseguida añadimos el tomate rallado y el tomate concentrado, una pizca de azúcar y el perejil.


Salpimentamos al gusto y añadimos las lentejas ya cocidas y la calabaza, dando unas vueltas para integrar todo bien.





Dejamos cocer tapado, removiendo de vez en cuando para que no se nos pegue y así hasta que la calabaza está tierna.

Y ya lo tenemos, sólo nos falta pasarlo al tajine, que es ese recipiente que veis en las fotografías y a la mesa


Os aseguro que es un plato reconfortante, lleno de sabor y de aromas. Una maravilla para esta época del año.



Os animo a prepararlo y a cocinarlo con gusto, disfrutando cada paso, cada instante, como la vida misma. Juntos, por separado, de lejos y de cerca.

Tal y como os quiero.



Un abrazo

martes, 9 de octubre de 2018

Bollets y el túnel del tiempo


De alguna manera, cuando hago recetas antiguas, de estas que yo llamo en peligro de extinción, me traslado a ciertas imágenes de mi infancia. Y son imágenes concretas, que están ahí en mi memoria y que están relacionadas con la cocina y con mi forma de entender la misma.


Claro que pensándolo bien, no estoy segura de si son las recetas las que me llevan a esas imágenes, o si es justo al revés y son las imágenes, en algún momento de nostalgia, las que me llevan a un túnel imaginario, del que salgo con una receta, con ansia de cocinarla, de probarla, como para calmarme y afianzarme: yo estuve allí.


Bueno, la de hoy es una de esas recetas. Es una preparación tan fácil y tan básica, tan de verdad, por favor, que es una auténtica maravilla y un viaje en el túnel del tiempo. 

Se hace con cuatro ingredientes y en un momento, con lo que haya por casa y sin embargo ¡Qué buen aperitivo! Para tomárselo a día de hoy, un día de fiesta cualquiera, con una cervecita.

¿Los hacéis conmigo?