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sábado, 19 de enero de 2019

Tajine de lentejas y calabaza




Esta mañana me he despertado con la idea: de hoy no pasa, hoy tengo que publicar algo en el blog. Y me he puesto a hojear algunos libros que tenía a mano a ver si me inspiraba.

¿Un bizcocho de desayuno? ¿Un plato tradicional de la tierra, de esos que tanto me gustan? ¿Un pan?...

Y así, de salto en salto, me encontré con esta receta árabe, con todas sus especias, con sus colores anaranjados, cálida, evocadora… Uauuuu!!! La boca se me ha hecho agua y esa es la receta que he elegido para compartir con todos vosotros.

Se trata de un tajine de lentejas y calabaza, una preparación que ha impregnado rápidamente mi cocina con aromas transportadores a tierras lejanas, a pueblos amables y diferentes.



Con este tajine humeante y con mucho cariño, os deseo un buen año, que sea de estreno en vivencias y nuevos sueños.

Veamos cómo se hace.

Ingredientes:


Medio kilo de calabaza (peso ya limpia)
250g. de lentejas pardinas
Dos tomates 
Una cebolla
Dos dientes de ajo
Aceite de oliva virgen extra
Media cucharadita de comino
Media cucharadita de cúrcuma
Una cayena (opcional)
Una cucharadita de pimentón dulce
Una pizca de azúcar
Perejil picado 
Dos cucharadas de tomate concentrado
Una cucharadita de cilantro en grano, picado
Sal y pimienta

Y así procedemos:

Lavamos las lentejas y las ponemos en una olla, con un litro de agua más o menos, y las dejamos cocer durante 20 minutos aproximadamente. Cuando falten cinco minutos, le añadimos un poco de sal.


Mientras tanto, rallamos los tomates     


Pelamos, limpiamos y cortamos la calabaza en dados


Cortamos la cebolla y los ajos en brunoise


Y una vez hecha la mise en place de este modo, ponemos una cazuela al fuego, con un fondo de aceite y cuando está caliente, añadimos la cebolla.


Añadimos también los ajos y dejamos que vaya pochando todo, tranquilamente, a fuego bajo.


Cuando la cebolla transparenta, empezamos a añadir las especias: 

Primero el comino, la cúrcuma y una cayena.


Seguimos con el pimentón.


Enseguida añadimos el tomate rallado y el tomate concentrado, una pizca de azúcar y el perejil.


Salpimentamos al gusto y añadimos las lentejas ya cocidas y la calabaza, dando unas vueltas para integrar todo bien.





Dejamos cocer tapado, removiendo de vez en cuando para que no se nos pegue y así hasta que la calabaza está tierna.

Y ya lo tenemos, sólo nos falta pasarlo al tajine, que es ese recipiente que veis en las fotografías y a la mesa


Os aseguro que es un plato reconfortante, lleno de sabor y de aromas. Una maravilla para esta época del año.



Os animo a prepararlo y a cocinarlo con gusto, disfrutando cada paso, cada instante, como la vida misma. Juntos, por separado, de lejos y de cerca.

Tal y como os quiero.



Un abrazo

martes, 9 de octubre de 2018

Bollets y el túnel del tiempo


De alguna manera, cuando hago recetas antiguas, de estas que yo llamo en peligro de extinción, me traslado a ciertas imágenes de mi infancia. Y son imágenes concretas, que están ahí en mi memoria y que están relacionadas con la cocina y con mi forma de entender la misma.


Claro que pensándolo bien, no estoy segura de si son las recetas las que me llevan a esas imágenes, o si es justo al revés y son las imágenes, en algún momento de nostalgia, las que me llevan a un túnel imaginario, del que salgo con una receta, con ansia de cocinarla, de probarla, como para calmarme y afianzarme: yo estuve allí.


Bueno, la de hoy es una de esas recetas. Es una preparación tan fácil y tan básica, tan de verdad, por favor, que es una auténtica maravilla y un viaje en el túnel del tiempo. 

Se hace con cuatro ingredientes y en un momento, con lo que haya por casa y sin embargo ¡Qué buen aperitivo! Para tomárselo a día de hoy, un día de fiesta cualquiera, con una cervecita.

¿Los hacéis conmigo? 

jueves, 30 de agosto de 2018

Ensalada de higos y naranjas de Yotam


Es tiempo de higos en mi huerto ¿Qué puedo decir? Cada año, por estas fechas, la higuera me da sus frutos y siento que debo honrarlos, haciendo con ellos, recetas preciosas, especiales, buscadas expresamente para ellos. Algo con lo que agradecer ese maravilloso obsequio que suponen.  


Tengo además, un gran respeto por la higuera. Cuando me acerco a ella, así despacito, siento que en ella me miro y en mí, se mira ella. Ahí estamos,  año tras año, resistiendo, con la venia de una naturaleza un tanto salvaje, que nos vapulea un poco de aquí para allá. Siendo que necesitamos pocos cuidados y aun así, ellos nos son imprescindibles: agua, aire, paz, ternura…


Luego con mimo, dejando siempre para los pájaros su cuota ya pactada, voy recogiendo estas maravillas y os aseguro, que tocarlos con delicadeza, olerlos, cocinarlos con respeto y finalmente degustarlos, se convierte en un rito que ojalá no olvide nunca llevar a cabo.


En cuanto a la receta que hoy os traigo, de Yotam Ottolenghi, es una maravilla, de verdad. Este chef es cautivador.
Sus recetas tienen como un sello muy personal, que se manifiesta en la unión perfecta de ingredientes aparentemente irreconciliables, sabores que nadie hubiera juntado, maridajes extraños que en sus manos, son de una exquisitez sensual.

Creo que su propia historia personal  tiene que ver con esta forma de cocinar, es como si estuviera en su naturaleza, buscar la unión en armonía, conciliar.

Y bueno, vamos con la receta y mirad si no, esta alianza de sabores, texturas y colores.

jueves, 2 de agosto de 2018

Arepas colombianas de una alumna querida




No hay nada que me guste más, que conocer gente de otros pueblos y culturas, preguntarles qué comen cada día y que me enseñen sus recetas así, en directo,  transmitidas en persona. Lo que yo llamo, aprender las recetas vivas.

Y da igual si esas recetas no son tan ortodoxas como dice la Wikipedia o que la persona que me las transmita no sea una estrella Michelin, porque el valor de lo enseñado y de lo aprendido, es como digo, su vida, su verdad.

Una querida alumna, llegó este año a la clase de los martes derrochando simpatía, como buena colombiana, supongo. Se ganó en cero coma, a todos sus compañeros,  además de por supuesto a mí misma.

No tardé en pedirle que nos hiciera su plato emblema, su desayuno diario, su pan. Y todo eso eran las arepas. Así que alumna prolija donde las haya (ella sabe),  hizo su tarea y  nos enseñó a cocinar este maravilloso bocado, que tuvo además, un gran recibimiento por parte de los comensales a quienes se dirigió.

Una vez aprendidas, yo me quedé con las ganas de hacerlas así, para mi solita, en la tranquilidad de mi cocina y he aquí, que hoy, era el día.

¡Madre mía! ¡Están divinas!

¡¡Carita sonriente para esta receta!!



¿Os apetece probarlas también a vosotros? Vamos allá:

lunes, 4 de junio de 2018

To-Bar Experience: así fue.




Me gusta hacer fotos antes de empezar un evento, cuando todo está listo: los ingredientes que usaremos, las mesas preparadas, con los dossiers en cada lugar, los pasteles del desayuno…Etc. Y me gusta percibir ese silencio a pocos minutos de desvanecerse por la presencia de todos. 


Imagino siempre que en un rato, el espacio estará bullicioso, lleno de saludos, de encuentros, de caras conocidas y de algunas nuevas personas que nunca vi antes.

Es mi momento de intimidad con la Escuela. Después de los preparativos y de la preocupación para que todo salga bien y todo quede previsto, después del trabajo que eso conlleva, entonces llega el punto de: “la suerte ya está echada” y ahora empieza el curso.

Y luego todo va rodado, como siempre, porque la gente que viene es colaboradora, muy agradable, verdaderos amigos, así que, todo funciona siempre súper bien. A veces me digo: no tengo que estresarme, porque siempre sale perfecto, pero hay que ocuparse de cada detalle.


Pero este curso era diferente. Este curso, no podía tener planificación, ni se podían atar los cabos, porque este curso, lo impartía Sergio Tovar, el mago de la improvisación, el artista de la espontaneidad, el chef del invento culinario. 

Sergio Tovar, llegó y revolucionó lo poquito que estaba previsto, giró y giró la rueda de la fortuna de lo que parecía que iba a ser y creó otra cosa, lo que salió de su mente y de sus ganas. 

Y fue perfecto.