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domingo, 12 de octubre de 2014

Alobe es una palabra válida en el Scrable.


Entre otras acepciones, significa: llenarse de pavor ante la presencia de un lobo. 

Queridas y queridos amigos: 

Se me hace difícil afrontar la actividad del blog desde la rutina. Cada vez se me hace más difícil. 

Me cuesta mucho llegar aquí y hablar sólo de cocina, o hacer una receta estupenda invitando a que la hagáis, a que la disfrutéis, sin expresar algo del espanto que me producen los acontecimientos del mundo. 

Sé que a vosotros os pasa lo mismo, no hay más que darse una vuelta por Facebook para encontrarse con esa ebullición de los temas candentes de cada momento, fotografías tremendas de niños muertos, imágenes de guerra, buzos que aterrorizan, comentarios de noticias de las que todo el mundo opina, para las que hay todo un abanico de respuestas. Sucesos para los que todos encontramos culpables, criticas o razones para temer. 


Me es muy difícil hablar sólo de recetas, pero también me es muy difícil lo otro, porque tengo resistencias a participar del circo y eso es lo que veo, un gran circo en donde hoy la herramienta principal es esta Red, para mover los hilos de cada uno de los personajes que en él actúan. 

No se trata de Ministras, Secretarios o Consejeros, ni siquiera de Presidentes, la carpa cubre mucho más allá y pone de muy mal humor, tomar conciencia de ello. 

Asistimos a un cambio de paradigma en este siglo, sí, pero siento si os doy una mala noticia, no es ese cambio de paradigma que el negocio de la new age promulga, hablando de conciencia hacia el amor, ni mucho menos. Hay un cambio de paradigma económico, desde hace ya bastante tiempo, a nivel mundial y a tope y eso es lo que mueve el mundo. Poderes fácticos, unos pocos poderosos de la economía, familias magnates, gentes muy canallas. 

A esos pocos, ya les encantaría que África empezara en los Pirineos, siendo África la hambruna y pobreza fuera de juego, pero bueno, hay otras formas y no sólo para España, sino para toda Europa, ese viejo continente que no debe hacer sombra al nido de serpientes. 


Si de verdad alguien se pregunta de qué demonios estoy hablando, hay un documental muy interesante: “La doctrina del shock” que pasaron por la 2 de TVE hace un tiempo y que ilustra con bastante claridad las teorías de Naomi Klein sobre este paradigma impuesto por Friedman. Es casi hora y media de documental, pero es muy completo y te ahorras casi con la misma información, el leerte el pedazo tocho que ella escribe, repleto de datos y más datos bien documentados sobre la doctrina del shock. 

Esta es una mínima parte de información y si no fuera porque creo que es la que lo abarca todo (dándose que no comulgo ni con esta, ni con ninguna teoría al cien por cien), diría que es otra más dentro de la oferta que encontramos para hacer análisis y crítica de todo lo que está pasando. 
Por un lado, tenemos las versiones oficiales, siempre escasas, simplonas, dirigidas a un pueblo que creen inculto y en pañales. Luego una parafernalia de grupos y movimientos de corte new age, que se desploman por su propio peso en la colectividad, aunque a nivel individual tengan algo que decir y de hecho, sueltan sus perlas, pero en el entorno de una arena que es fácil desmontar y tildar de charlatanería. También están los críticos, los que cortarían cabezas si tuvieran el mínimo poder, los que encuentran claros culpables y llegarían al linchamiento si es preciso. Y la mayoría, la enorme mayoría, están atemorizados, muertos de miedo. Son o somos las madres y padres de la vida cotidiana, sus hijos, esa población para quienes ellos gobiernan, porque a la postre, es necesario que existan los de abajo para que los de arriba se apoyen y suban. 

El miedo es el arma más eficaz que existe en el mundo, el sentimiento que mueve a los esclavos que construyen los templos para los falsos dioses.



No, yo no quiero participar de ese circo, no quiero ni nombrar los temas candentes en este post, no quiero hacer política o caer en la sensiblería de un perro con mirada triste, porque sigue siendo circo. Y no es que no me indigne, es que me indigno cada día. 

Mi hija es veterinaria y trabaja en una clínica muy normalita, aferrándose a ella porque le permiten objetar a la hora de sacrificar animales. Aún así, estamos al tanto. ¿Sabéis cuánta gente lleva a sacrificar a sus animales de compañía sólo porque se van de vacaciones y han alquilado un apartamento en donde no les permiten tener al perro? ¿Sabéis cuántos llevan a su perro o gato a curarle una pata rota y cuando les dicen lo que cuesta un tratamiento o una operación, deciden que mejor lo sacrifican? ¿Sabéis cuántos galgos mueren ahorcados porque no son excelentes en la caza y es una tradición?... El etcétera es dolorosamente largo. Y conste que hablo de animales para no herir más sensibilidades y huyo deliberadamente de hablar de los negros que mueren cada día, remarco, cada día, de otras muchas causas que deberían ser innombrables hoy día en un mundo que se dice civilizado. Y no nos tambalean. 

No, no quiero dejarme manipular por el espectáculo. No quiero encontrar a las cabezas de turco, porque ¿sabéis? Ni siquiera creo que hay conspiradores en el escenario inmediato. ¡Qué va! Es que no hace ni falta. Tu dale dos docenas de copas de cristal a veinte niños en un recreo y es cuestión de tiempo que las rompan, se corten o se las traguen, cualquier cosa. Y así seguramente es como lo hacen, ponen ahí los ingredientes y voilá, el resto viene rodado. Pues bien, no empujaré yo esa inercia, no contribuiré, al menos conscientemente, a ese rodamiento. 

Su paralelismo con una receta es lo único que yo voy a tratar aquí y ahora. Así desahogo un poco mi desazón, lanzo mi grito o quién sabe qué. Y amigos, vendrán días mejores. 

¡Con lo fácil que podría ser! 

A esta receta le pasa un poco lo mismo, es muy simple, muy fácil, pero la podemos complicar cuanto queramos. 

Se trata de algo que se llama shortbread, mitad pastel crujiente, mitad galleta que podemos modelar: en una pieza grande, en un gran círculo, redonditas y pequeñas o cuadradas y rectangulares, todo a nuestro gusto. 

Es una receta de origen escoces, pero muy extendida en el Reino Unido, así como en Irlanda, Dinamarca y Suecia. 

Ingredientes 

150g. de harina de fuerza 
100g. de mantequilla (dicen que si es salada es mejor) 
50g. de azúcar y algo más para espolvorear.


Así elaboramos:

Mezclamos la harina con la mantequilla cortada en pequeños trozos


Con los dedos, vamos desgranando la mezcla formando una especie de migas y entonces, le añadimos el azúcar.


Seguimos ahora amasando, y por efecto del calor la mantequilla reblandecerá y podremos formar una bola homogénea, suave y lisa.


Sobre un papel vegetal, extenderemos la bola con ayuda de un rodillo. Formaremos un círculo de unos 20 centímetros aproximadamente.


Le hacemos una especie de borde o dibujo en la orilla, para que luego nos quede más bonito.

También cortamos ligeramente, en porciones, sin llegar hasta el fondo. Por último pinchamos toda la masa con un tenedor.




Introducimos en el horno precalentado a fuego muy, muy bajo, 150 grados como mucho y dejamos unos 30 minutos, hasta que observemos por las orillas que está hecho, pero sin que llegue a dorarse, pues es una de las características de este dulce, que no esté dorado. 

Cuando salga del horno, en caliente, remarcamos los cortes, esta vez del todo. 


Espolvoreamos con azúcar a nuestro gusto y dejamos enfríar. 


Una vez frío, tendremos un dulce suave pero crujiente. Muy rico.

Ideal para hacer en un ratito, una de esas tardes que apetece merendar algo dulce, algo bueno.



A partir de aquí, podemos experimentar con otras harinas, por ejemplo mezcla de almendra y trigo, o avena, o harina de arroz… También con varias formas, con otras coberturas además del azúcar, etc. 


Y es un buen consuelo, pues ya sabéis aquello de que a nadie le amarga un dulce.

Un abrazo

12 comentarios :

  1. Muy interesantes sus reflexiones de este post, creo que andamos muchos aburridos de oír tantas "sinsorgadas" de la mayoría de los políticos y ver el mal hacer que tienen, solo se ocupan de lo que les dará votos para perpetuarse en la poltrona. Que pase un buen día a pesar del gobierno. Saludos

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  2. Buenos días Apicius, no había oìdo nunca esa expresión "sinsorgadas" así que algo he aprendido ahora mismo.
    Muchas gracias por su comentario y sí, estamos de acuerdo.
    Saludos

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  3. Totalmente de acuerdo.

    Me encanta tu Blog, Viena
    Saludos
    Rosa

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  4. Cuanta razón tienes Viena en todo lo que dices en este post. Me niego a que la mezquindad y mediocridad, de esta sociedad en la que cada vez creo menos, dirija mi vida. No la entiendo. Cada vez menos. Y me aferró a mi familia y a los pocos amigos para "no morir en el intento" (una sonrisa, por favor).
    No creo en la actual clase política. Ni en los que nunca creí, ni en los que en alguna ocasión confié en ellos. Y de la sociedad en general, qué podemos decir... no me puedo creer que éste tan paralizada. Aunque tengo la sensación (o la necesidad de creer en ello) que hay todavía esperanza y la llama ha vuelto a encenderse, aunque sea débilmente.
    Mientras tanto, disfrutemos de esta torta tan sencilla de preparar... ¿con una copita de mistela?

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    1. Con una copita de mistela quedaría genial Oteador.
      Puedo suscribir tus palabras, una por una. Estamos viviendo tiempos raros, la verdad, yo tampoco entiendo muy bien, la narcotización de esta sociedad en estos momentos. A veces leo las noticias y por un momento no sé si se trata de una broma, tengo que contrastar con otros medios para pasmarme y darme cuenta que no, que no es una inocentada, sino una noticia de verdad. Luego, no salgo de mi asombro y pienso, bueno, si esto es así, la gente dirá algo, pero no se mueve un alma y no lo entiendo. Supongo que es por la desilusión política, yo que sé. Lo que sé es que nos mueven con hilos que ni siquiera se disimulan, ni siquiera necesitan ya ser invisibles y nos dejamos mover como marionetas de madera.
      Tiempos difíciles y raros para la justicia y la ética, estas palabras que deberían elevarse a rango de principios sine qua non para vivir en sociedad. Sin eso, yo me bajo de esto Oteador, me hago eremita.
      Un abrazo y gracias por tu comentario.

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  5. Es doloroso saber cómo nos manipulan, pero es imposible vivir de espaldas a la vida. Las personas como tu son las que me dan esperanzas, no todo está perdido. Un abrazo

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    1. Querida Pamela, muy amables tus palabras, como siempre que vienes a traerme un comentario, pero yo soy muy poquita cosa sin muchos más. La sociedad debe tomar conciencia y pedir que se le trate con respeto y sin eso, sin ese punto en común, poco va a cambiar.
      Mientras tanto al menos, aportaremos nuestro granito, siquiera para provocar conciencia.
      Un abrazo

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  6. Tienes razón, Viena. El problema es que estamos viviendo en una época de desilusión y depresión. Y te hablo desde una perspectiva europea, porque es la que vivo todos los días. Los años que siguieron a la derrota de los -piadosamente llamados- nazis, por no decir "alemanes", fueron años de crecimiento, de entusiasmo europeísta, de conquistas sociales, de creación de los "welfare states". Una cosa que díganlo o no lo digan, estuvo favorecida por el miedo que daba la URSS. Pero eso se ha acabado. En todas partes, el capitalismo financiero está acabando con los estados de bienestar. Hay que conservar el beneficio, porque, mira tú, esos pakistanis producen el doble por la mitad de precio. Acabemos, pues con el bienestar de la gente: que trabajen más por menos sueldo para poder competir, etc etc.
    El resultado está a la vista.
    En fin, no me extiendo, que podría seguir por varias horas.
    Y tu "shortcake" tiene una pinta regia aunque yo esté un poco hasta el moño del sabor a mantequilla, como le he dicho a Claudia en mi último blogsss.
    Besos

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    1. Querido Sorokin, no sé si como dices, esto es una depresión dentro de una fluctuación, la verdad, a mi me suena más a desestabilización programada y eso da yuyu.
      Claro que para depres las que te puedes coger gratuitamente cada mañana, si pones la radio o se te ocurre leer el periódico.
      Mejor hablamos de mantequilla, que ya sé que estás harto, si, pero aquí, que no la comemos tanto, al menos en casa, nos la podemos permitir así de vez en cuando como un pecado menor y está bien rica en estos pastelitos-galletas.
      Un abrazo y gracias por venir por aquí.

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  7. Hey, ¿qué te puedo decir desde este lugar del mundo? El asunto es demasiado complejo como para manifestarlo en los comentarios de tu bonito blog. QUe por cierto no había visto su nueva cara.
    Sólo puedo decirte que tu blog me gusta porque precisamente hablas de algo más que comida. De muchas cosas más nos nutrimos, claro que sí.
    abrazo

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    1. Pues sí Carmen, desde tu tierra ¿Qué vas a decir? Que no nos digan ya las tenebrosas noticias que cada día nos llegan de allá. Y me duelen, me duelen tanto.
      Hubo un tiempo en que los intelectuales denunciaban las injusticias, se mojaban, como decimos por aquí y eran en realidad los que cambiaban las cosas, con su aliento, movilizando conciencias. Ahora tengo la impresión de que todos están callados.
      Son tiempos difíciles.
      Bueno, un abrazo querida amiga, cada uno tendrá que aportar su granito.
      Nos vemos.

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