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jueves, 9 de julio de 2015

Milhojas de pepino con espuma de menta


Es curioso lo que pasa con los sabores y los gustos. Antes no podía soportar el pepino, pero ni un poco, hasta el punto de que si una ensalada lo llevaba, yo ya no podía ni probar la ensalada. Sin embargo,  no sé cómo ni cuándo, este gusto me cambió y ahora ando como loca buscando recetas de pepinos porque me encantan.

Al parecer no es tan raro, hace solo unos años, según algunos estudios llevados a cabo, los niños occidentales   no podían detectar el sabor umami, ese quinto sabor que tiene sus receptores en el centro de la lengua. Cuando se les ofrecían glutamatos responsables del umami, ellos lo rechazaban.
Sin embargo, en experimentos más recientes, el umami se detecta y se presenta como una sensación placentera. ¿Qué ha sucedido? ¿Ha evolucionado el gusto en estos pocos años? Pues probablemente sí.
Aunque todos los seres humanos tendrían la capacidad de detectar todos los sabores,  algunos tendrían más problemas que otros para reconocer algunos de ellos, sobre todo por una cuestión cultural o de familiarización con su consumo.
Los orientales así, consumidores de algas y otras proteínas que contienen glutamato, tendrían más facilidad para detectar y saborear umami  que los occidentales, o al menos así ha sido hasta hace poco, pues ahora que tenemos acceso a la comida asiática en cualquier rincón del planeta,  no sólo estaríamos acostumbrándonos al umami, sino  ciertamente apreciándolo mucho. Quizás este descubrimiento de sabor pueda también explicar el boom de la cocina japonesa.

En fin, retomando el tema, la cuestión es que ahora me encanta el pepino y hoy me he dado el lujo de esta receta que como veréis es bonita y rica.



Se trata de unas milhojas de pepino con espuma de menta, sabores que combinan a la perfección.

El pepino, o el cucumis sativus, como se le conoce en círculos científicos, pertenece a las cucurbitáceas, como las calabazas, los calabacines, etc.
Es originario de la India, donde se cultiva desde hace más de 3.000 años.

Recuerdo cuando yo era pequeña, que mi madre le cortaba a los pepinos una corona en cada extremo y frotaba durante un minuto para quitarle el amargor.
Ese amargor se debe a la cucurbitacina C  que contienen algunas variedades. Actualmente creo que ya todas las variedades han sido seleccionadas para que no amarguen, porque lo cierto es que no he encontrado ese problema en ningún pepino.
Ahora los encuentro dulces y deliciosos, ligeros de calorías y con un montón de posibilidades en la cocina. 

Y bueno, vamos a ver una de esas posibilidades. La receta con algunas variaciones, está basada en una que aparece en el libro “Prueba esto y cásate conmigo”. Vamos allá:

Ingredientes:

Un pepino
125ml. De nata para montar
Una ramita de menta
Dos lonchas de queso havarti (en el original queso comté)
Un limón
Sal y pimienta blanca


Para los blinis de la base:

1 huevo
Una cucharadita de azúcar glass
60g. de harina de trigo
1 cucharadita de levadura Royal
200ml. De leche
Aceite para engrasar

Una pizca de sal


Empezaremos haciendo los blinis


En un cuenco, ponemos la yema del huevo, reservando la clara para después.


Le añadimos la harina tamizada y mezclada con el azúcar, la levadura y la pizca de sal y agregamos también la leche, batiendo enérgicamente hasta hacer una masa homogénea.




Luego, batimos la clara a punto de nieve y la incorporamos a la mezcla con movimientos envolventes y con cuidado.


Una vez todo integrado, engrasamos muy ligeramente una sartén o crepera y cuando esté caliente, le vamos echando cucharadas de masa formando círculos de 6 ó 7 centímetros de diámetro.



En unos instantes, daremos la vuelta a los blinis y haremos por ambos lados.



Vamos sacando a un plato y hacemos blinis hasta que nos quede masa.


Los blinis son una especie de crêpe o tortitas, lo digo porque si ya tenéis una receta que os sale bien, de crêpes, os vale también. Si tenéis prisa o buscáis una receta más ligera, también podéis prescindir de esta base y dejar las milhojas directamente con las dos capas de pepino.

Bueno, una vez tenemos los blinis, vamos con el pepino.


Ponemos a hervir la nata, con unas cuantas hojas de menta, unas 10 ó doce. Cuando la nata hierve, apagamos el fuego y dejamos que infusione la menta, hasta que se enfríe totalmente.



Cuando la nata esté fría, quitamos las hojas de menta y montamos. Luego, salpimentamos e introducimos en una manga pastelera.
Por otra parte, le quitamos al pepino el primer trozo de la punta y el resto, lo cortamos en medallones no muy gruesos.


Rociamos con el zumo de limón, las rodajas de pepino y las salpimentamos.  Os recomiendo pimienta blanca, porque la negra afearía la receta.


Entonces, procedemos a montar el plato:


Primero un blini


Después una rodaja de pepino condimentada


A continuación, un círculo de queso y sobre el queso, una roseta de crema de menta


Encima de la crema, otra rodaja de pepino y otra de queso


Y finalizamos con una roseta de crema  y una hojita de menta fresca para decorar


Y listo, tenemos un aperitivo fácil, vistoso y deliciosamente refrescante.


Qué: ¿Lo hacemos?


Yo creo que os va a gustar



Un abrazo amigos. Estaré viajando unos días, pero pronto, pronto, nos vemos.

3 comentarios :

  1. Yo soy definitivamente un bicho raro. Mi paladar debe estar atrofiado, porque no hay ninguna comida que no me guste... ni siquiera de pequeña, solo odiaba las habas, pero no fue siempre. En fin!
    El pepino mola, y con blinis y menta, más aún.

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  2. He visto la foto de tu receta y he entrado en tu blog, me he llevado una agradable sorpresa con este mil hojas. A mi al revés que a ti siempre me ha encantado el pepino y me gusta prepararlo de todas maneras, probaré este entrante tan original y tan fresco para este verano tan calentito que tenemos. Un abrazo y hasta pronto

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    Respuestas
    1. Pues bienvenida Pilar y gracias por tu visita y comentario. Prueba la receta y verás que es un recurso fácil y rico para un entrante muy veraniego.
      Un abrazo

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