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viernes, 13 de octubre de 2017

Higos y boniatos: porque ahora es ahora


Me encantan las recetas con ingredientes de temporada y si son de temporada corta, mucho más me gustan, me da la impresión de que son como esas flores de un día, que hay que disfrutarlas justo en el momento, ahora, porque no se pueden dejar para mañana. 

Mi amigo Carlos me ha regalado un libro precioso que se llama: “Jerusalén crisol de las cocinas del mundo” escrito por Yotam Ottolenghi y Sami Tamimi.


Ya de entrada, hay una historia curiosa en estas dos “criaturas culinarias”, como se definen a sí mismos los autores, porque nacieron y crecieron en Jerusalén, sin que nunca se cruzaran sus vidas y luego aún muy jóvenes y después de algunas escalas, se fueron a vivir a Londres. Pasado el tiempo, se encontraron y se hicieron buenos amigos, descubriendo el paralelismo de su historia.


Se hicieron socios en el restaurante Ottolenghi de Londres y actualmente, son sobre todo, exploradores de su propio pasado culinario.

El libro parte del reconocimiento de una Jerusalén múltiple, compleja y diversa que sin embargo no se mezcla, que se aísla en grupos homogéneos y cerrados como una versión de la Torre de Babel en nuestros días. Dicen, que sólo la comida, parece saltarse esas barreras invisibles o físicas, que separan a este pueblo de pueblos. 

Y a mí me parece que a través de su libro y la cocina, ellos vienen a conciliar esa multiplicidad de culturas y religiones que amanecen con los mismos paisajes.

Por eso no hablan de recetas palestinas o judías o rusas, griegas o lituanas, hablan de sabores, de ingredientes y de ese arte que los mezcla con sabiduría para obtener platos tan deliciosos y delicados, como el que vamos a ver enseguida.

Creo que este libro va a ser fuente de inspiración para muchas recetas que haré, pues me gusta el estilo en el que está escrito, la selección de ingredientes que hace y esa fidelidad al transmitir una cocina de sabores tan auténticos. 

Ved si no, como ejemplo, la receta que sigue:


Recojo estos días los últimos higos ya de la higuera, higos verdales que compartimos con los pájaros, casi en proporción de uno a uno: ellos se comen la mitad y si llego a tiempo, yo me como la otra mitad.

Aún así, siempre tengo suficientes. Basta ir con un plato hacia el árbol y mirar bien entre las hojas. A primera vista no hay ninguno, pero luego, con calma, se van viendo uno y otro y otro más por allá.

Y un día vas y ya no quedan, así es la higuera, un árbol generoso durante un corto periodo de tiempo.

Por suerte, tenía de sobra para esta receta a la que le eché el ojo, nada más tener el libro en mis manos. 

Y tenía también los boniatos necesarios, ya que me ocupé de comprarlos sin falta.


Así que con los principales, me dispuse a hacer la receta con muy pequeñas variaciones.

Ingredientes: 

3 boniatos de carne naranja
40ml. De vinagre balsámico
20g.de azúcar glas
Dos o tres cebollas tiernas
Un chile ligeramente picante
6 higos frescos
100g. de queso fresco de cabra
Sal Maldon
Aceite de oliva virgen extra
Pimienta negra


Y lo primero que haremos es lavar los boniatos y cortarlos a lo largo, en una especie de gajos alargados del mismo grosor


Una vez cortados todos los trozos, los colocamos en una bandeja de horno y los salpimentamos y los regamos con un poco de aceite de oliva virgen extra.


 Introducimos en el horno hasta que estén tiernos, aunque no demasiado blandos. Unos 25 minutos.


Dejamos enfriar y mientras tanto, preparamos una reducción balsámica, para lo cual, ponemos el vinagre y el azúcar glas en un cazo y dejamos en el fuego para que hierva durante dos minutos. Quedará una consistencia como de miel.


Retiramos del fuego y dejamos enfriar.

Cortamos las cebollas, primero a lo largo y luego en trozos y las vamos a freír en un poco de aceite de oliva, junto al chile cortado en rodajitas.



Dejamos que se hagan durante unos minutos. 

Mientras, colocamos los boniatos sobre una fuente de servir


Cuando la cebolla está salteada, sin llegar a quemarse, la volcamos sobre los boniatos


Y a continuación, añadimos los higos cortados en cuatro



Aliñar con la reducción balsámica y desmenuzar el queso sobre el conjunto


Y ya tenemos nuestra ensalada maravillosa, de sabores divinos. Esa mezcla de cebolla con los higos y el boniato asado, con su reducción… Os juro que no se olvida.



Un festín de sabores que no os podéis perder y que tiene que ser ahora, cuando hay boniatos anaranjados y cuando hay higos frescos, porque se pasan rápido y no vuelven hasta el año que viene. Así que vamos, porque ahora, es ahora.


Un abrazo

8 comentarios :

  1. ¡Qué cosa más rica! Muchas gracias, amiga-maga de los sabores.

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    1. Me gusta lo de amiga-maga Loam, y Gracias a ti!!
      Un abrazo

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  2. El humor, algo fundamental en la cocina.

    https://youtu.be/Ib2Vl7JEjfc

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    1. Totalmente de acuerdo, en la cocina y en la vida jajaja

      Besos

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  3. Pues esta vez, no lo voy a intentar. Primero, porque en mi terraza no crecen higos, como en tu jardín, todo lo más, dientes de león, que no es que yo los plante, viene solitos volando, con sus plumitas al viento. Pero, en fin, podría comprarlos, claro, y por primera vez, en un super que presume de ser para gourmets, he encontrado higos españoles... 6 euros por dos pinches higos, eso sí, muy buenos, no como los turcos que siempre están secuzos.
    En segundo lugar, porque boniatos hay, pero no sé si son color calabaza, como esos de esas preciosas fotos. Total, que bueno, no lo voy a hacer, pero sigo prometiendo que voy a hacer las fabulosas peras del otro día.
    Un abrazo

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    1. Ohhhh Sorokin, prefiero cuando me dices que lo vas a hacer, qué desilusión!
      Los boniatos es casi seguro que serán anaranjados, es ya muy raro ver los blancos por los mercados, al menos por aquí,que ahora para Navidad que se usan en repostería, una se las ve y se las desea para encontrar blancos. Así que lo de los boniatos no es excusa,puedes comprar un par de ellos. Y los higos, caray, a 3 euros el higo casi me hacía yo rica, pero bueno, un capricho te podrías dar y te aseguro que el resto es coser y cantar y te encantaría esta ensalada peculiar tan tan de temporada. Venga hombre, inténtalo.
      Un abrazo

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  4. Cocinar con lo que toca ( los productos de temporada ) se nos olvida habitualmente, y lo primero es que la materia prima para lo que elaboramos sea de temporada y por tanto también barata...lo saben hasta las abuelas y se nos está olvidando.

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    1. Las abuelas lo sabían 101 y no tenían otra opción, en su época no traían de países lejanos frutas y verduras como pasa hoy, ni había ese snobismo culinario que nos hace comprar semillas de la Conchinchina o sales exóticas. El producto de temporada no sólo es más barato, es más rico, nunca una fruta sabe igual como cuando es de su tiempo, y se nos está olvidando, como bien dices. Al menos unos cuantos, seguimos sacando partido a una cocina de estación y es nuestro granito de arena cuando lo publicamos.
      Gracias por tu comentario y un abrazo

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