Esta semana, los distintos grupos han llevado a cabo una clase especial que organizamos durante el mes de Mayo y que llamamos: Cocinamos para otros.
A diferencia de las clases ordinarias, en donde cada uno cocina su plato, por esta vez cada grupo forma un equipo y eligen entre ellos a un chef, que será quien dirija la clase. Cocinan bajo las directrices del chez y el resultado de lo que hacen, queda como obsequio para el grupo siguiente.
Es una de mis clases favoritas, porque es la clase que encierra la esencia de mis cursos, en donde la primera finalidad es enseñar el placer de cocinar, ayudar a desplegar el alma de un cocinero y por ende, la generosidad y la humanidad que eso implica.
Los que comenzaron la serie, cocinaron
un espectacular pastel para los del grupo siguiente. No sólo se esmeran en
cocinar mejor que nunca, sino que también cuidan de la presentación y de los
gustos de los comensales a quienes va dirigido lo que hacen. Es el principio
del máximo respeto hacia aquellos para quienes
cocinamos.
Días antes los alumnos preguntan
cómo son los del grupo a quienes sus manjares estarán destinados, cuáles son
sus gustos, lo que han cocinado ya en su grupo y se ingenian y planifican cómo
sorprenderlos.
Y los sorprendieron, ya lo creo. Cuando recibieron sus bonitos pasteles con forma de pez, quedaron gratamente sorprendidos.
Cuando el siguiente grupo recibió
sus regalos, tenían ya muy claro que también ellos se tendrían que esmerar para
estar a la altura con sus destinatarios.
Tuvieron que estar muy concentrados, iban a hacerles un brownie cubierto de chocolate y ellos no lo habían hecho nunca.
La clase terminó pasadas las once
de la noche, hubo tiempo incluso para una merienda improvisada.
Estaban contentos cocinando para otros y esa satisfacción, tenía que notarse en el
resultado. Cuando los otros recibieron sus pasteles, quedaron boquiabiertos.
¡Estaban preciosos y buenísimos!
Iba avanzando la semana, las clases eran largas, cansadas, pero al mismo tiempo, muy divertidas y llena de satisfacciones.
Los del miércoles harían unas conservas. Se trabajaron además muy bien la presentación: tarjetitas personalizadas, envoltorios muy bonitos, lazos, panes…
Probablemente fue una de las clases más laboriosas, había tres recetas y todo tenía que salir muy bien.
La chef de esta clase, lo hizo
muy requetebién y el resultado iba tomando forma
Y llegábamos al final de la semana. Esta vez decidieron hacer unas codornices escabechadas y nada menos que sobrasadas caseras.
Excelente materia prima y
excelentes manos para llevar a cabo todo un reto de sabores
La chef tenía tablas, así que
todo fue como un guante
Mientras unos freían, otros cortaban o amasaban el relleno de las sobrasadas
Todo un trabajo en equipo
Con resultados satisfactorios
Y sin que faltara la cervecita de los jueves, naturalmente.
Seguramente esto es como el amor de madre, veo a todos mis chicos fantásticos, estoy orgullosa de ellos y me lo paso genial en cada clase, aunque terminemos a las tantas. ¿Qué más puedo decir?
Una semana llena de regalos en
todos los sentidos.
Gracias mis cocinillas
