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viernes, 30 de enero de 2015

Bizcocho de naranja: un desayuno acreditado


Mucha gente cuando se le pregunta, cuál es el mejor momento del día, responde que el momento del desayuno.

Ya sea en casa, o en ese barecito o cafetería cerca del trabajo, el momento del desayuno parece ser el que más disfrutamos. Y digo yo ¿Será porque es nuestro momento tranquilo? A lo mejor es porque a primera hora de la mañana estamos descansados o todavía más simple, quizás sea porque es un rato en el que poder estar a solas consigo mismo.  Y es que la hora de la comida la solemos compartir con otras personas, pero el desayuno, la mayoría, lo hacemos casi siempre en solitario.


El desayuno en cualquier caso, tiene su historia. Por ejemplo: recuerdo una vez que un grupo de amigos, contábamos cada uno sus manías tontas, esas manías que no tenían explicación pero que las teníamos muy arraigadas. Fue impresionante comprobar cuántos de nosotros tenía esas manías asociadas al desayuno. Nos reímos muchísimo, porque  por ejemplo uno contaba que iba todos los días a desayunar al bar y odiaba que le hablaran durante aquella media hora y ya le sacaba de quicio, si le leían el periódico desde atrás, por encima de su hombro. El momento del café era su rito sagrado, intocable.
Otro contaba que tenía que desayunar en una taza concreta y no en otra, porque el borde, decía, tenía el grosor justo. Cuando aquella taza se le rompió, tiempo más tarde, recuerdo que hubo un gran ajetreo para conseguir una taza igual.
A otra le gustaba café, en vaso y corto, con un dedito de leche fría. Eso le daba la temperatura exacta que le gustaba. Llevaba locos a los del bar, jajaja.
Resultó ser muy curioso, saber la cantidad de anécdotas que teníamos respecto al desayuno de cada cual.
Yo misma me levanto siempre un rato antes que los demás, pensando en el placer íntimo de poder desayunar a solas. Y no es que la compañía no me guste, a qué madre no le gusta desayunar con sus hijas, pero incluso aunque tenga que desayunar dos veces, no perdono un desayuno a solas, en mis cosas, en silencio.

En fin, no sé si vosotros tenéis o no manías y si disfrutáis del desayuno como la mayoría de gente que conozco, lo que sí sé, es que el bizcocho que hoy os traigo, de la mano de Oteador es algo más que un manjar para el desayuno.


Lo vi en su blog y se me hizo la boca agua, con esa miga que se adivinaba blandita y rica.
Ahora, después de hecho, puedo confirmarlo: es suave y sabroso, con el toque de naranja confitada que lo hace especial y bueno, le dije que lo haría y aquí lo traigo.
Por agregarle algo de mi parte, y porque soy una golosa empedernida, lo he bañado con chocolate y tenéis que creerme, ya sabéis como combinan la naranja y el chocolate, esto está diviiinooooo.


Ingredientes:


125g. de harina de trigo floja
100g. de azúcar
100g. de mantequilla
2 huevos
Una cucharada de leche
Una cucharadita de levadura Royal
Naranja confitada en cantidad al gusto

La naranja confitada, es la que hice hace poco, que quizás recordéis. Podéis ver la receta aquí

El resto, es muy fácil en realidad.

Batimos la mantequilla con el azúcar hasta que blanquee y añadimos los huevos uno a uno, mezclando cada vez muy bien.



A continuación agregamos la harina mezclada con la levadura, tamizándola con ayuda de un colador. Mezclamos bien todo



Ahora preparamos la naranja, cortándola en trocitos a nuestro gusto y enharinando los trozos para que no se vayan al fondo cuando horneemos.




Como veis esta naranja confitada casera, es muy jugosa, no está tan seca como la que venden, además de tener un sabor mucho más intenso a naranja. Yo os animo a que la hagáis, de verdad,  luego en tarros de cristal dura mucho tiempo y es una delicia.

Bueno, mezclamos los trozos de naranja con la masa y colocamos el conjunto en un molde de plum cake, debidamente encamisado.


Ahora horneamos a fuego moderado (180º) durante 20 minutos más o menos, dependiendo de vuestro horno, hasta que veáis que queda hecho.
No lo hagáis demasiado, los bizcochos están mucho más buenos cuando mantienen un cierto grado de humedad. Es preferible pues, hacerlos menos, que más.

Aquí veis como ha quedado después de hornear


Como os contaba, por aportar algo a la receta, yo lo he cubierto de chocolate.


Simplemente ponemos a fundir 100 g. de chocolate con 50 ml. de nata y cuando está fundido, cubrimos el bizcocho.


Un último toque por encima, de trocitos muy pequeños de naranja y ya está



Cuesta esperar a que se enfríe para probarlo.


Queda jugoso, con una miga blanda y rica, impregnada de sabor a naranja. Una delicia.


Muchas gracias Oteador por la receta. Y a vosotros amigos ¡¡Venga!! Que ya estáis tardando a hacer este bizcocho.


Un abrazo

martes, 20 de enero de 2015

Receta de Calabaza. Ese símbolo de inteligencia.



Me encanta cocinar calabaza en este tiempo, de todas las maneras: dulce, salada, en guisos o en solitario. Por eso, cuando mi amigo Fran me trajo unas cuantas de su huerto hace poco, me hizo lo que para mí es un gran regalo. 

También me gusta conocer sobre los ingredientes que utilizo y casi siempre, cuando me doy a esa investigación, acabo fascinada con las historias que rodean a los alimentos, sobre todo cuando son tan cotidianos que nos pasan desapercibidos en su riqueza simbólica.

Pero lo que más me gusta, sin duda, antes incluso de indagar y llenar mi mente de lo que estudio, es hacer lo que podríamos llamar “un ejercicio del hombre silvestre”, o más actualizado si se quiere, lo que es mirar con el disco duro en blanco, sin contaminar, para observar qué me dicen los colores, las formas, las maneras de desarrollarse o de crecer de los alimentos, estos aliados tan vitales de nuestra existencia.

                        

Es un ejercicio fabuloso, incluso cuando lo saco del ámbito de los alimentos y lo practico frente a las noticias que me llegan o los temas más candentes del mundo. Me planto frente a ellos con la mirada silvestre y…Simplemente intento pensar.

Porque somos una especie gregaria, que corremos el riesgo de atrofiar nuestro libre pensamiento. Porque tenemos necesidad de formar parte de un grupo, algo que genera en nuestras sociedades hiper-informadas, una especie de ley de economía del razonamiento, algo canalla, la verdad, que nos lleva a no pensar y simplemente aceptar lo que nos dice el grupo de referencia que ya ha pensado por nosotros.

Así no es extraño que religiones, partidos políticos, grupos de poder, filosofías incluso, se constituyan en pensadores oficiales de nuestras mentes, para manejarnos fácilmente, como maneja el perro ovejero al rebaño, incluso en ausencia del pastor.

No sé vosotros pero yo, en la cocina como en la vida, prefiero hacerlo a que me lo den hecho, así que eso es lo que hago, ser un poco más silvestre. ¡Hay tantos temas! Y no es difícil una vez se empieza. A veces ayuda un simple “cui bono”.

jueves, 15 de enero de 2015

Habas con sobrasada y morcilla. La tradición que me habita


Decía Vicente Aleixandre: “Tradición y revolución. He aquí dos palabras idénticas”.

Yo no sé si eso será tan así, si son palabras tan idénticas o si podrían serlo, porque a veces el uso de la tradición, la excusa más bien, de la tradición,  es una caída en el absurdo, que tiende a perpetuar sin razón, mostrando como vicio servir a los conservadores para mantener las cosas como están.

Sin embargo, tradición viene de “tradere”, que significa “entregar”, no es un fósil que encontramos y ponemos en una vitrina a salvo de cualquier cambio o deterioro, sino un testigo que toma futuro, algo vivo, con adaptación al presente y con un potencial de avance arrebatador. Desde ese punto de vista, tradición y revolución son una misma cosa.


La tradición forma parte de la identidad cultural de un pueblo, una herencia que si mantiene su vitalidad, es impulso, semilla de algo que crece, se renueva y florece con nueva identidad propia. Así sucede con la música, la pintura, la poesía, con las artes en general.

viernes, 2 de enero de 2015

Año nuevo, vida nueva: rompiendo fractales


Mucha gente daría cualquier cosa porque esta frase hecha, aparentemente sin importancia se cumpliera ¿Verdad?
 ¡Año nuevo, vida nueva! Como si la vida no fuera nueva cada instante, como si cada  día, no fuera en realidad un inmenso caos de probabilidades.

Pero entonces ¿Por qué a tanta gente le parece que todo está ya escrito y decretado por fuerzas mayores que sí mismo? ¿Por qué tantas personas creen que es muy difícil poder cambiar algo?
Seguramente esta sensación procede del hecho mismo de que somos nosotros los que no estamos cambiando nada.

Einstein decía en una ocasión: “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos las mismas cosas”. Es un pensamiento muy interesante.

Esto abarca: reaccionar de otros modos, votar a otras gentes, viajar a destinos diferentes, elegir cerca a otra clase de personas, invertir los procesos, dejar que el miedo sea solo miedo y nunca un ancla… Etc.

Es bueno de vez en cuando salirse del enfoque automático o lo que yo llamo, romper fractales. Declarar un día al mes, por poner un caso,  el día en que rompamos nuestros fractales, nuestros patrones repetitivos.
Nos sorprenderemos con el poder de los pequeños movimientos y los cambios en cascada que son capaces de provocar. Nuestra vida es siempre nueva, aunque a veces nos cueste verlo, vamos de estreno.

martes, 4 de noviembre de 2014

Curso dulces navideños

Próximo 22 de Noviembre 2014


Curso: "La bandeja navideña"
Los dulces tradicionales de La Vega Baja del Segura.





Un surtido sin igual de dulces tradicionales: Tortas escaldás, 
rollos de vino, coquitos, almendrados, pastas, turroncitos...  
un largo etcétera.

Recuerda: 

Día: 22 de Noviembre
Horario: de 10 a 14h y de 16 a 19h 
Precio: 60 € (incluye ingredientes, dosier y diploma)



Plazas limitadas. Reservas:
    vienasabor@gmail.com







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